—Señor, usted está cometiendo un grave error—le digo tratando de hacerlo caer en razón.
—No, en realidad mi objetivo eres tú, Céline de Macalister..
Mis vellos se erizaron de punta a punta.
—Estás mal de la cabeza, no me llamo Céline, me llamo Jimena—trato de mentir. Pero eso hizo que el hombre de ojos verdes soltara una risita.
—No eres tan lista como aparentas—se acercó a mí, y me tomó de la cintura—Vamos.
Me niego a caminar, y él me hace caminar de un suave empujón.
—¡Ah duele!-me que