Debora salió corriendo tan desesperada que la planta de sus pies comenzó a dolerle intensamente. Los enfermeros intentaron detenerla, pero fue en vano; la mujer tenía una urgencia incontrolable de ver a su esposo. Cuando empujó las puertas con fuerza para salir del hospital, vio cómo su esposo era trasladado en una camilla. En ese momento, Debora quedó paralizada y sus manos empezaron a temblar. No podía creer que Jarli aún siguiera con vida.
—¡Con permiso! —gritó un doctor con la mirada llena