La mariposa ansiaba abrir sus alas y escapar de su nueva jaula.
Es una cobarde.
No porque tenga miedo, sino por esa hambre de oscuridad que la habita y que aún no se atreve a aceptar. Apenas amaneció, hizo sus maletas e intentó irse, se lo advertí y no obedeció.
Luche esas tres horas por no entrar a su habitación y finiquitar mi objetivo, Mabel cree que escapar es un acto de valentía, cuando en realidad es una negación.
Huye de mí como huye de sí misma, de ese brillo peligroso que le vi en los ojos cuando apunté el arma, de la forma en que no retrocedió y de la manera en que su cuerpo reaccionó antes que su moral.
El sonido del latido de su corazón es lo primero que escucho al acercarme y morder su labio, ese sonido que ansío apagar con mis propias manos es el que en este momento me guía.
Cede por que busca mis labios, pero me alejo un poco para entrelazar sus hebras de cabello entre mis dedos.
Ella intenta moverse, las muñecas le tiran contra el cuero de las esposas. Aun así, leva