La frustración era palpable en Richard y Anselmo. Regresar al faro con la esperanza de encontrar la misteriosa caja de Esmeralda, solo para descubrir su desaparición, era un duro golpe a sus expectativas.
—No entiendo —murmuró Richard, pasando una mano por su cabello con exasperación—. Estaba aquí, lo vi con mis propios ojos. ¿Quién más sabría de ella?
Anselmo examinaba el suelo con detenimiento. — Hay marcas de arrastre, si hay señales de que alguien haya estado escarbando. La caja simplemente