Javier siguió a su madre al jardín, observándola mientras cortaba con delicadeza las coloridas flores. El aire estaba impregnado de su dulce fragancia.
—Madre, ¿estás ocupada? —preguntó con suavidad, acercándose a ella.
Su madre se giró, ofreciéndole una cálida sonrisa. —No, hijo. Ven, ayúdame a recoger estas rosas. Sabes, en estos días me he acordado de una canción que te cantaba cuando eras pequeño. Aquella que hablaba de un amor que no pudo ser...
Javier sintió una punzada en el pecho al esc