Samantha
Los tres estamos acomodados en la sala. La tensión es tan espesa que casi puedo saborearla. Un silencio largo, pesado, incómodo, envuelve todo. Y mi ansiedad empieza a trepar por mi garganta. Si nadie dice algo pronto, literal me dará un ataque.
—Al parecer nadie dirá nada —rompo el silencio con la voz temblorosa—. Pero antes de que Cristal hable, necesito… no, exijo saber algo.
Mis ojos se clavan en Gregorio. Él asiente, serio, firme, como si ya supiera lo que voy a preguntar.
—¿Cómo