Samantha
No sé cuánto tiempo ha pasado. Los segundos se han convertido en horas dentro de esta pesadilla. Otro golpe. Más fuerte. Otro Y otro. Cada uno más cruel, más despiadado el anterior. El dolor es insoportable, como si mi piel se desgarrara con cada azote.
Por un instante se detiene y me atrevo a respirar aliviada, pero el descanso dura poco: los azotes caen ahora sobre mis muslos, mi vientre, mis piernas. Cada impacto me arranca un grito desgarrador, y aun así sé que él disfruta cada son