Samantha
Las manos me tiemblan más con cada fotografía que saco del sobre. Una tras otra. Todas como cuchilladas al pecho. En ellas estoy yo. Y junto a mí, Arturo.
—¡No! Esto es un maldito montaje ¡Tiene que serlo! —susurro, más para mí que para él, negando con la cabeza.
La primera foto es en el lago. Lo reconozco al instante. Ese día ¡ese maldito día en el que Arturo casi abusa de mí! Cuando le pegué una patada entre las piernas para que me soltara.
Pero en la imagen todo parece diferente. La