Samantha
Tan perdida estoy en mis pensamientos que, cuando por fin voy a tomar mi malteada, descubro que ya está toda caliente. Hago una mueca de desagrado y suspiro. ¿Cuánto tiempo me quedé aquí, perdida, dándole vueltas a lo que pasó?
Remuevo el vaso con la pajilla, tratando de ignorar el revoltijo de emociones en mi interior. La curiosidad, la tristeza y la incertidumbre se mezclan como esa malteada derretida, haciendo que nada tenga sentido.
—Genial —murmuro para mí misma—. Ahora, además de