Samantha
Un susurro en mi oído me hace abrir los ojos. Parpadeo lentamente y lo primero que veo son los hermosos ojos de Cristian observándome con una sonrisa pícara.
—Es hora de despertar, dormilona —murmura con voz ronca, mientras acaricia mi mejilla con ternura.
Somnolienta, niego con la cabeza y entierro la cara en la almohada. Él no se rinde y vuelve a asentir, como si así pudiera convencerme. Yo, fiel a mis principios de pereza extrema, niego con más fuerza.
—Si no lo haces… pues no tendr