Samantha
La angustia me consume mientras espero fuera de la habitación de Cristian, rogándole que abra la puerta. Su reacción me tomó por sorpresa, y ahora el silencio es aún más perturbador. Me recuesto contra la puerta, sintiendo cómo el peso de la culpa se instala en mi pecho.
—Cristian, por favor, perdóname. Sé que fui imprudente. No debí buscar entre tus cosas, pero buscaba algo para el dolor y me encontré con eso. No estaba bien escondido, ¿sabes? No quise molestarte. —Mi voz suena rota,