Samantha
No sé cuánto tiempo ha pasado, solo sé que mi mente reacciona por el dolor punzante en mi nariz. Siento que apenas puedo respirar. Me levanto del suelo, todavía con el frasco de pastillas en la mano. Lo guardo de inmediato sin volver a mirarlo, tratando de entender por qué Cristian toma algo así. Pero ninguna respuesta llega a mi mente.
Al mirarme al espejo, el reflejo me golpea. Mi nariz está peor de lo que pensé; la sangre, aunque ya se ha secado un poco, sigue manchando mi rostro. T