El silencio en la habitación era tan denso que parecía latir junto a ellos. Lia lo observaba con el corazón en un puño, incapaz de apartar la vista de aquellos ojos encendidos como brasas que amenazaban con consumirlo todo.
—Dorian… —su voz apenas fue un susurro, quebrada entre miedo y algo que no se atrevía a nombrar.
Él avanzó un paso más, la penumbra acentuando la dureza de sus facciones, el temblor de sus manos, la furia contenida en cada músculo.
El aire entre ambos vibraba como si el ca