Capítulo sesenta y cinco

Ylva se detuvo en seco al notar que Lyra no reaccionaba a su saludo, ya que cuando le dijeron que su tía había llegado al Palacio salió a recibirla, pero había algo inquietante en la forma en que su tía miraba hacia el horizonte, como si su mente estuviera atrapada en otro lugar… o en otro tiempo.

—¿Tía…? —preguntó con cautela—. ¿Estás bien? —intentó sonreír, pero su voz traicionó su preocupación—. No me asustes así, por favor.

Lyra pestañeó con lentitud, saliendo de aquella bruma invisible.
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