La noche había caído sobre Lycandar, pero el fuego en el corazón de Ethan seguía ardiendo con la intensidad de un recuerdo que no sanaba.
Sentado junto a Ylva, con la luna filtrándose entre las columnas del balcón, continuó su historia.
—Me enfrenté al Consejo —dijo, la voz tensa, como si aún sintiera el peso de esas miradas—. Les recordé que mi tío había tomado una decisión. Que su voluntad era clara: yo debía ser el próximo Alfa si él caía.
Ylva lo miraba en silencio, atenta, sin juicio.
—Per