Capitulo cuarenta y cuatro.
El cielo, ahora oscuro, proyectaba un azul profundo que se colaba por los ventanales del palacio, decorado con las luces titilantes de las estrellas y los brillos mágicos que iluminaban Arvandor. Mientras caminaban hacia el comedor, ya que le habían anunciado que la cena estaba lista. Ylva levantó la mirada hacia el cielo nocturno y, con curiosidad, preguntó:
—¿Qué hora es? Cuando llegamos era temprano, ¿tan rápido oscureció?
Ethan, con una sonrisa, miró a su alrededor como si estuviera calcul