El camino hacia donde quiera que los señores Enache se dirigieran, en verdad era largo. A la distancia, Sorin podía escuchar la discusión de la pareja; estaban en extremo malhumorados y al parecer se bombardeaban el uno al otro con críticas bastante subidas de tono.
–Creo que debí manejar yo –espetó el señor Cosmin. Por poco chocamos con un maldito poste ¡Ya deberías haber aprendido, carajo! Nuestra vida está en riesgo cada vez que te sientas al volante.
–¿Te quieres callar de una vez? –inquir