Allí, en lo recóndito de un bosque, el frío reinaba entre los pinos y arbustos. A penas la luna colaba sus rayos por entre las ramas, pero la espesura de ese lugar por poco lo impedía por completo.
Entre matorrales que se habían quebrado por la fuerza de gravedad de un cuerpo que se estrelló de manera estrepitosa, como si se tratara de un meteorito caído del espacio exterior, las vibraciones de energía se habían magnificado; esto atajo a un par de individuos, que con sigilo fueron a investigar