Antonella no esperó más alguna respuesta de Ileana y la abofeteó tan fuerte que cayó de costado, lo cual solo provocó que su sangre hirviera a su límite y se levantara para amenazarla con sus ojos encendidos gracias a la magia que había en ella.
—¡Buen acierto, Antonella! —exclamó la morocha—, entre las tres la acabaremos —dijo mientras se acariciaba las manos para prepararse mentalmente y sin más se aproximó a Ileana con su garra lista para lastimarla, pero la joven con un reflejo rápido la to