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Era de día en la casa de Antonella, algunos rayos de luz intentaban colarse en el interior, pero estos estaban bloqueados con magia. Velkan se comenzaba a quedar sumido en un pesado sueño justo al lado de su Mate, que yacía enredada entre sus patas y cola, con su cabeza apoyada en el torso de él y abrazándolo como si fuera una almohada.
Sí, esa era la forma en que dormían desde hacía ya días y al parecer a la pelirroja ya no le molesta