Antonella respiró profundo y se dirigió hacia donde su “Mate” se encontraba, pero no pudo seguir su trayectoria, ya que el toquido de la puerta le indicaba que había visita. A juzgar por la presencia que percibía, de inmediato supo que eran sus chicas.
—¡Ya voy! —afirmó Antonella, pero a tiempo una figura encapuchada saltó por la ventana y entró a la casa sin avisar ante una pelirroja que rodaba los ojos y sonreía divertida.
—Por favor, Romina ¿Cuál es esa manía tuya de los protocolos educados?