El abrazo que Ileana le había dado a su amiga al no más verla, era de arrepentimiento, de culpabilidad y de una gran dicha al saber que su amiga estaba bien y como lo predijo, la vería pronto, además de que estaría acompañada por “ese” individuo al que todos le habían hecho casi una fiesta al verlo. Lloraban y reían, lo abrazaban y casi lo reverencian como a un rey. Al parecer todos querían a Alder, quien por lo que se dio cuenta no se llamaba de esa forma, todo parecía una gran mentira.
—Nadi