La casa de Raguel rebosaba de la presencia de sus visitantes, las verdaderas Virtudes divinas aunque Sorin lo negara. El joven técnico de computadoras y músico, se sorprendió de lo relativamente rápido que todos habían atendido el llamado, aunque no tan contentos por aquello tan precipitado.
La única manera en que se habían contentado un poco había sido a base de bocadillos dulces y salados, que su mayordomo había colocado en la mesa, acompañados de una deliciosa cocoa caliente y de café.
–¿Tien