La tarde estaba llegando a su fin y para Antonella estaba yendo de maravilla; al menos hasta ese momento. La señora Doina y su hija Romina, durante toda la tarde, le habían pasado enseñando lo básico de la magia sin chistar y sin dudar ni un momento sobre su condición de chica buena.
Doina había pasado explicándole a Antonella un sinnúmero de conceptos sobre lo que envuelve dicha magia: como hechizos de protección, otros para la buena suerte, para comunicarse con el universo; las leyes intríns