En cuanto Sorin se hizo presente en la sala principal y su expresión denotaba mal humor y frustración, Raguel respiró hondo e intentó colocar una expresión neutra para no evidenciar cómo por dentro hasta se encontraba temblando como un chiquillo.
–Sorin… –dijo, con serenidad a modo de saludo.
–¿Cómo estás, Raguel? –inquirió también a manera de saludo y le ofreció la mano.
Raguel hizo una mueca de desaprobación, y no aceptó el saludo de mano en un principio.
–¿Qué?, ¿ahora ya ni siquiera te q