Después de muchos días de encierro, al fin Nadia podía sentir nuevo oxígeno, ya nunca más estaría cautiva en aquellas cuatro paredes y lo más importante: iba al lado de Ariel, su protector aunque él dijera lo contrario; a quien tanto admiraba y por quien había comenzado a sentir algo muy especial; aunque aún no descifraba bien qué exactamente.
Lo único que ella tenía más que claro era que, amaba cómo le debatía cada cosa a Sorin y cómo la defendía para que no le pasara nada malo. Nunca un hombr