Pasaron un par de días, y al salir del trabajo Olivia condujo durante minutos sin rumbo fijo, el corazón latiendo con fuerza, hasta que se obligó a detenerse frente a una tienda de artículos para bebés. Ni siquiera sabía por qué había ido allí. Tal vez porque necesitaba sentirse útil, aferrarse a algo que le recordara que, al menos, había una parte de Nathan que siempre sería suya: el hijo que llevaban juntos. Aparcó el auto y entró con pasos lentos. El aire estaba impregnado de un olor suave a