Lula apenas tenía tiempo de respirar antes de ver a Ronaldo, su padre, cruzar la puerta. Entró apoyado en un bastón, asistido por un ayudante, y algo en la imagen de ese hombre que siempre había sido fuerte y dominante le retorció el corazón. Aunque su expresión era más cansada, con arrugas marcadas en su frente y una mirada apagada, cuando la observó con detenimiento, sus ojos brillaron con una emoción que nunca antes había mostrado hacia ella. La recorrió con la mirada, desde el cabello hasta