La casa estaba en silencio por fin. El lavavajillas sonaba a lo lejos con su ronroneo rítmico y los restos del día quedaban atrapados en platos enjabonados y copas vacías. Neil se desabotonaba la camisa mientras caminaba hacia el living, con el cuello aún tenso por las horas de diplomacia forzada y sonrisas impostadas. Paola estaba sentada en el sofá, con una copa de vino blanco entre las manos. Tenía el cabello suelto, impecable como siempre y una bata ligera que dejaba ver su piel aún tersa,