La primera luz del día se filtraba tímida entre las cortinas cerradas, trazando líneas doradas sobre las sábanas revueltas de la cama. Norman dormía profundamente, con un brazo extendido sobre el lado vacío del lecho. El calor aún presente en la tela le indicó que ella se había levantado hacía poco. Giró apenas, adormilado, hasta que escuchó un sonido ahogado proveniente del baño. —Ekaterina... —murmuró con voz pastosa. El sonido volvió a repetirse. Tos, arcadas, un gemido suave. Se incorporó d