La casa de Olivia estaba en silencio, con esa calma artificial que llega después de un día largo, cuando uno estuvo rodeado de demasiadas personas y ahora necesita el silencio. Olivia apoyó su bolso en el recibidor, se descalzó y caminó hasta la cocina, donde encendió la pava eléctrica. Los pies le dolían y sentía la espalda tensa. Pero más allá del cansancio físico, había un nudo apretado en el pecho que no se aflojaba, y no sabía bien porqué. Se había instalado allí luego de conversar con Eka