—¿Kat? Sasha cruzó el umbral de la casa sin esperar invitación. Llevaba días sin verla, y cuando Ekaterina no contestó los últimos dos mensajes de voz, la preocupación se le instaló como una espina en la garganta. Cerró la puerta con suavidad y miró alrededor del living ordenado, pero con una taza de café abandonada sobre la mesa y una manta mal doblada en el sillón. —¿Ekaterina? El sonido de unos pasos descalzos llegó desde el pasillo, y allí apareció su hermana, con el pelo recogido en un moñ