Los días habían pasado lentamente para Olivia. El malestar no cedía, una náusea persistente la acosaba desde que se despertaba hasta que caía la noche y era horrible, naúseas por la mañana que no se podía sacar con nada y un dolor de cabeza persistente que dificultaba hacer su trabajo por las mañanas y la predisponía mal por el resto del día. Al principio pensó que sería un virus pasajero o el estrés acumulado por la falta de señales de Norman, pero a medida que las semanas avanzaban, una inqui