Los siguientes días transcurrieron con una calma inquietante para Ximena. La joven continuó con su rutina diaria, trabajando en el club y cuidando a su hijo, pero no podía dejar de pensar en Roberto y en la noche que habían compartido. A pesar de que sus caminos no se habían vuelto a cruzar desde entonces, el recuerdo de su encuentro era como un fuego latente en su interior. Cada vez que su mente se desviaba hacia él, un calor incómodo recorría su cuerpo, mezclado con una extraña sensación de a