12. LIBERTAD
—Ay, cómo me gusta dejarte mi leche adentro, pequeña. Hoy me has dado mucho placer —dijo él y salió de ella. Vio cómo de su ano salía su semen y un pequeño hilo de sangre—. Quédate quieta —le ordenó y fue al baño, buscó papel y volvió para limpiarla.
Con tristeza ella se dio cuenta de que también le gustaba sentirlo dentro, sentir su piel junto a la de ella. La fricción, sus fluidos mezclarse mientras hacían el amor, aunque no hubiera amor entre ellos.
Nunca creyó que algo tan erótico y decaden