Mundo ficciónIniciar sesiónAlma siempre ha tenido un plan: conquistar el mundo con su inteligencia. No necesita un apellido poderoso ni una fortuna heredada para alcanzar el éxito. Solo necesita una oportunidad. Lo único que nunca pudo planificar fue enamorarse de Samuel, su mejor amigo. Pero Samuel entrega su corazón a Alexander, el heredero perfecto que todos admiran y que Alma considera un manipulador incapaz de amar. Cuando Alexander descubre cuánto significa Samuel para ella, convierte ese amor imposible en un juego cruel. Lo que comienza como una guerra silenciosa entre ambos termina transformándose en una obsesión donde nadie sabe quién está manipulando a quién.
Leer másOuço um barulho? Porra, quem tá me ligando? Vai continuar tocando. Vou terminar o meu banho. Sai da minha hidro, vestir o meu roupão. Caminhei até a minha cama, peguei o celular e vi que a última chamada era do meu braço direito. Retorno a ligação.
— E aí, Riccardo? — Qual é o problema?” Pergunto, me sentei.
— Caraca que demora para atender, ein? Tô ligando a horas porra! — Resmunga no outro lado da linha.
— Para de reclamar e fala logo! Não atendi porque estava no banho. — Aviso, sacudir o cabelo que estava molhado. — Fala logo que o que você quer?— Espero que seja da encomenda que estou esperando?
— Ok. É sobre isso mesmo! Aqui não é só boniteza. — Levantei da minha cama, fui até o espelho lá no banheiro, me admirando. — Já que ocorreu tudo bem no bagulho, traz para eu ver. Ah, não esquece de trazer a minha grana e o caderno. Quero ver como anda as vendas. — O Riccardo ficou quieto. Não estou gostando disso. — Você me ouviu?
— Sim… Vou fazer isso… Praguejo,desliguei em seguida. Sai do banheiro, passo pela minha cama king size e fui até o meu closet. Quando estava terminando de me vestir alguém está batendo na porta, sai dali e fui até a porta, abri e era Giulia.
— O que foi Giulia? — Estava de calça jeans, sem camisa. Ela olha para mim por um tempo, olhando o meu peitoral. Dou um leve sorriso de canto de boca. — Giulia?
— Sim? — Fita o meu rosto e levantei a sobrancelha esperando ela me dizer algo. — Ah, sim… Senhor Riccardo e outros rapazes chegaram e trouxeram umas caixas… — Aponta para sala de estar.
—Obrigado. Vai lá e diz que já estou descendo e prepara um café, depois levá-la na sala. — Ordenei, ela sacudiu a cabeça em sinal que sim. Depois desceu as escadas, fechei a porta e fui para o meu closet para terminar de me vestir.
***
Já na sala falo com os caras e vou até o Riccardo para cumprimentar.
— E aí. Cadê as belezinhas? — Pergunto, me afastando. Ele foi até a pilha de caixas que estavam no meio da minha sala estar, tirou a tampa de uma delas.
— Aqui está, chefia. — Disse, vou até sua direção.
— Puta que pariu! — Pego um dos fuzil e começo a sorrir. Depois me virei com o fuzil, destravei e mirei no Andrea. É dos caras que trabalha pra mim. — Imagina o estrago que essa coisa linda pode fazer?
— Para com isso chefia. Abaixa esse negócio aí? — Ergue o braço fazendo o gesto para baixar a arma.
— Você é cagão mesmo. — Zombo ele. Jogo o fuzil pro Riccardo que põe de volta na caixa. — A arma está descarregada, seu babaca! Rir, fui até o meu trono de ouro e com pedras de diamantes, com estofado vermelho. E me sentei, em seguida entra a Gulia, com a bandeja com o café e um bolo. Assim que ela coloca sobre a mesa de centro. Na mesma hora os caras vão pra cima da mesa e pega as fatias do bolo. — EI? QUE PORRA É ESSA? NÃO TEM MAIS EDUCAÇÃO, NÃO? — Grito e todos se afastam, com a boca cheia.
— Foi mal chefia… Mas a Giulia faz uns bolos tão, tão gostosos que ficamos doidos. — Respondeu Riccardo. Depois olho para minha empregada que sorri pelo elogio dele. Faço sinal com a mão para ela sair e voltar para a cozinha. Logo os caras acabaram de comer.
— Já alimentados, vamos para os negócios. Riccardo, passa pra cá a minha grana? — Ordenei, fazendo gesto com a mão para ele se aproximar. Ele afasta a bandeja e põe dinheiro ali na minha frente. Dou aquele sorriso largo, pego um dos bolos de dinheiro e começo a contar. Fico uns dez minutos contando, depois de pegar a minha parte, separo dos rapazes por partes iguais, porém, o do Riccardo dou mais. Ele é o meu braço direito. — Agora que todos estão com que me faz rir, não é mesmo? Riccardo, me passa o caderno?
— Certo. Aqui está. — Coloca na mesa. Mas seu rosto está diferente. Parece preocupado? Dei de ombros, dou uma olhada no caderno. Hmm, parece que tivemos ótimas vendas. A cocaína saiu bastante. Logo vejo o numero de dinheiro que está na minha frente e o que está anotado aqui, tem algo de errado. — QUE PORRA É ESSA AQUI? — Dou um salto do meu trono, vou até o Riccardo com sangue nos olhos e com o caderno na mão. — PORQUE ESTÁ FALTANDO CINCO MIL AQUI, RICCARDO?
Alma llegó a casa. Cerró la puerta de su habitación y dejó caer el bolso sobre la cama antes de mirar la pantalla de su teléfono. Samuel todavía no le había escrito. Sabía que probablemente seguía en la fiesta, así que decidió teclear un mensaje:Alma: Cuídate cuando llegues a casa. Avísame cuando estés bien.Durante unos segundos dudó antes de añadir:Alma: Y no bebas demasiado.La respuesta llegó casi de inmediato. Alma sonrió por un instante, pero la sonrisa desapareció en cuanto leyó el texto:Samuel: 😘Después llegó otro mensaje:Samuel: 😘❤️Y finalmente:Samuel: Cariño.Alma permaneció inmóvil, observando la pantalla con el ceño fruncido. Samuel nunca le decía «cariño». Nunca. Ni siquiera cuando estaban solos.Presionó el botón de llamada de inmediato. Nada. Esperó unos segundos y volvió a intentarlo, pero Samuel tampoco respondió. La preocupación comenzó a crecer en su pecho.—¿Qué está haciendo? —murmuró.Lo llamó por tercera vez con el mismo resultado nulo. Alma apretó los
La noche había caído sobre la ciudad cuando el automóvil de Samuel se detuvo frente al club. Vehículos de lujo llegaban uno tras otro mientras jóvenes descendían entre risas. Algunos entregaban las llaves a los empleados del valet parking; otros caminaban directamente hacia la entrada principal, donde varios guardias revisaban la lista de invitados.—Nunca había estado en un sitio así... —sonaba realmente emocionado.Antes de que pudiera abrir la puerta, Alma lo sujetó suavemente del brazo.—Espera.Samuel volvió la cabeza.—¿Qué pasa?Alma guardó silencio unos segundos antes de hablar.—Quiero pedirte una cosa.—¿Cuál?Ella lo miró directamente.—Una vez que entremos... no nos separemos.Samuel sonrió con naturalidad.—Eres demasiado desconfiada.Alma negó lentamente.—Tal vez. —Bajó un poco la voz—. Pero Alexander me da mala espina. Siento algo extraño en él.Samuel soltó una pequeña risa.—Deberías relajarte un poco. Hoy vinimos a divertirnos. Además, podemos conocer gente nueva.A
El viernes llegó y, como ocurría casi todas las semanas, los pasillos del instituto comenzaron a llenarse de comentarios sobre la fiesta de esa noche. No era un evento especial ni una celebración única; era simplemente una costumbre.Cada viernes, los amigos de Alexander Beaumont organizaban una reunión privada en algún lugar exclusivo de la ciudad. A veces era un club, otras veces una casa de lujo o un salón reservado. Siempre conseguían reunir a jóvenes de distintos círculos: estudiantes de otros institutos, universitarios, modelos y personas acostumbradas a moverse en ambientes. Para muchos, recibir una invitación significaba formar parte, aunque fuera por una noche, del mundo de Alexander. Un mundo donde casi todos querían entrar.En el salón de clases, mientras varios estudiantes hablaban emocionados sobre la fiesta, uno de los amigos de Alexander se acercó al lugar donde Alma estaba organizando sus apuntes.—Alma —la llamó.Ella levantó la mirada.—¿Sí?El chico le sonrió de man
Al terminar la jornada escolar, Alexander regresar a la enorme mansión de su familia a bordo de un automóvil privado. Mientras el vehículo atravesaba los jardines, él revisaba en su tableta los detalles del proyecto académico que debía entregar al día siguiente.Al entrar a su espaciosa habitación, dejó el maletín de cuero sobre el escritorio y se sentó frente a la computadora, continuando con su trabajo como si el mundo exterior no existiera.Su teléfono móvil no tardó en vibrar sobre la mesa. Era el chat grupal de sus amigos:—Estamos en el Club Élite.—Tienes que venir.—Hay modelos.—No seas aburrido.Alexander apenas se molestó en teclear una respuesta breve:Alexander: "Estoy ocupado."Apenas cinco segundos después, el teléfono comenzó a sonar con una llamada entrante. Alexander contestó en modo manos libres sin dejar de escribir en el teclado.—¿Qué quieren?—Deja ese proyecto ya —respondió una voz al otro lado de la línea—. Todavía tienes días para entregarlo.—No.—Solo será
Último capítulo