El viernes llegó y, como ocurría casi todas las semanas, los pasillos del instituto comenzaron a llenarse de comentarios sobre la fiesta de esa noche. No era un evento especial ni una celebración única; era simplemente una costumbre.Cada viernes, los amigos de Alexander Beaumont organizaban una reunión privada en algún lugar exclusivo de la ciudad. A veces era un club, otras veces una casa de lujo o un salón reservado. Siempre conseguían reunir a jóvenes de distintos círculos: estudiantes de otros institutos, universitarios, modelos y personas acostumbradas a moverse en ambientes. Para muchos, recibir una invitación significaba formar parte, aunque fuera por una noche, del mundo de Alexander. Un mundo donde casi todos querían entrar.En el salón de clases, mientras varios estudiantes hablaban emocionados sobre la fiesta, uno de los amigos de Alexander se acercó al lugar donde Alma estaba organizando sus apuntes.—Alma —la llamó.Ella levantó la mirada.—¿Sí?El chico le sonrió de man
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