Lloré con amargura, encerrado en mi despacho, con el corazón roto, con las dudas atacándome, me di cuenta de que estaba dispuesto a perdonarla, que no me importaba si me había sido infiel, no la quería lejos de mí.
Ella no lo aceptaba.
Me quedé encerrado todo el día en el despacho, en la noche salí, visité a Ximena en su habitación, la encontré llorando.
—¿Qué pasa, Ximena?
—Se van a ir, Lucy me lo dijo, Caroline se portó mal y por eso se van, me lo dijo Lucy.
—¿Qué?, no, no es eso, hija, no llo