Lloré por largos minutos, abrazada a Ana en su habitación, ella solo acariciaba mi espalda y me apretaba mi mano, no dijo una sola palabra y lo agradecí, su compañía era más que suficiente.
—Viste, te lo dije, Ana. No me creyó, por eso mandó a Arturo lejos, debí suponerlo.
—Debe estar tratando de calmar las aguas, no pienses cosas de más, asumir nunca ha sido bueno.
—Me queda claro lo que piensa de mí, esto se acabó —respondí resignada.
Se había acabado, lo sabía, tenía el corazón roto, estaba p