Me quedé sorprendido por las palabras de mi hija.
—¿De qué hablas, Ximena? ¿Estás segura de que Valentina no te ha dicho algo al respecto?
Me miró con sus grandes ojos azules y sonrió, negó con la cabecita y bajó la mirada.
—No, papi, yo sola los vi, fui al comedor y ella le agarraba la mano, así —dijo y puso su pequeña mano sobre la mía y la apretó.
Asintió mirándome muy seria, pasé saliva.
—Quizás viste mal, pequeña, o no es nada, es un gesto de cariño normal.
Alzó los hombros y apretó los la