Regresamos a casa, y a pesar de los malos comentarios que quisieron hacerme sentir mal, y que en el fondo sí dañaban más mi confianza y mi autoestima, yo me sentía en una nube gracias los tratos y mimos de Romeo, nunca me había sentido bonita, deseada, con aspiraciones en la vida, más allá de conseguir algo de comer a mis hermanos, y de repente me sentía una mujer importante, que tenía que hacer planes para el futuro: elegir una carrera, aceptar retos.
Romeo besó mi mano cuando bajamos del avión