La primera cita, nuestra primera cita.
No cabía en mí de emoción, nervios y expectación, no sabía que ponerme, qué decir o cómo peinarme, agradecí que aún estuviera un poco convaleciente, así que si me veía mal sería a causa de eso, reía de mis pensamientos tontos, me sentía ilusionada y eso era nuevo para mí.
Ana me subió el desayuno, los niños quisieron comer conmigo por lo que habilitaron una mesa en la habitación que yo ocupaba, Ana nos acompañó.
Movió la silla de ruedas que usaba, y Carmen