La vista de la ciudad desde las alturas me tenía hipnotizada, froté mis manos y sonreí emocionada al señor Romeo, bebí otra copa de champán y sentí como las burbujas hacían estragos en mi boca.
—¿Te gusta? —preguntó.
—Sí, supongo que sí —grité, él se echó a reír.
Nunca habría podido tener una vista así de la ciudad.
El aparato aterrizó en la azotea de un lujo restaurante de la ciudad que funcionaba junto a un enorme castillo, miré mi ropa y esperé lucir lo suficientemente bien, pensé que seríamo