En la nueva clínica me siguieron atendiendo las heridas, aún tenía la boca muy hinchada y sentía dolor, él no se apartaba de mi lado, yo sabía que tenía mucho trabajo, aun así no me abandonaba.
Salió solo a buscar a los niños, los subió, al verlos mis ojos se llenaron de lágrimas.
—Hermana —gritó Alan.
—Hermana-mamá —gritó Lucy brincando y dando vueltas, los dos se acercaron, pero no podía abrazarlos, el señor Romeo cargó a Lucy y la sentó al borde de la cama.
Con sus manitas me lanzó cientos de