Mason llegó con su cara tensa y un montón de papeles para que yo los firmara. Cerré la puerta de mi despacho y nos sentamos frente a frente.
—¿Qué has pensado? La niñera es perfecta, lo venía pensando.
—No hay manera.
—Es solo que pretendan serlo.
—No, trabajo con ella, es quien educa a mi hija, no quiero hacerlo con ella.
—¿Entonces?
—Estoy solo, punto.
Negó con un movimiento de cabeza y se echó a reír.
—Te conozco, te gusta alguien.
—No, nadie me gusta ¿Qué locuras dices? Simplemente, no quier