Capítulo Veinticinco.

Elena Cooper.

Continué el camino sin ninguna dirección, aún no quería estacionar, mi corazón me pide a gritos que no me detenga, que sólo siga el rumbo, que no le baje la velocidad, que deje fluir el dolor que en mi ser habita.

Es un error haberlo llamado, debí quedarme con lo que sabía, su confesión fue dura, fue inaceptable.

Sé que no he sido la mejor hija para con mi padre, él me lo dio todo, incluso cuando dudé de él. Sin embargo, lloro su ausencia, su muerte, nadie merece morir sin tener e
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