ZAFIRO
—Señorita— me llamó la directora haciendo una mueca al ver a Lucían a mi lado sin el maldito uniforme que en cuanto tuviera oportunidad cambiaría por uno menos ridículo.— ¿Y usted es...?
Rodé los ojos y seguí caminando para ignorar a la vieja chismosa que estaba a punto de pensionarse como entrenadora profesional de uno de los mejores internados así que no tenía de qué más quejarme de ella.
Hice una mueca de incomodidad porque ahora sentía el pequeño ardor en mis labios vaginales gracias