—Tú conoces mis motivos, Lucían— susurré al verlo posarse a mis espaldas a través del espejo.— Tú más que nadie...— me vi interrumpida al soltar un jadeo debido a la fuerte nalgada que él me dio y que resonó en todo el baño avivando aún más esas ganas que me tenían con la piel ardiendo y con una creciente humedad entre mis piernas.
Estaba sensible debido a la necesidad causada por el lazo y su toque en mi piel fue el detonante que me hizo arder aún más en un deseo en el que no quería caer, o es