ZAFIRO
—¡Zafiro!— ese maldito grito me hizo despertar de golpe y frunci mi ceño al escuchar los pesados pasos dirigiéndose a la habitación en la que estaba con los dos idiotas que se habían despertado tan alarmados como yo.— Maldición, mujer, esto es grave— gruñó mi hermano abriendo la puerta de golpe sin importar que estábamos en ropa interior.
—¿Quieres calmarte?— le gruñí de vuelta pero a él no le importó, en su lugar, corrió para tomar el mando del televisor y me quedé estática con lo que