Amália estaba muy nerviosa. No era fácil estar frente a su padre y tener que bajar la cabeza ante todo.
—Desde pequeña siempre hice lo que usted me obligó a hacer. ¿Cree que fue fácil renunciar a mis deseos y a mis sueños solo para no desobedecerlo? Aun sabiendo que nunca me quiso, hacía todo lo posible para que viera en mí a alguien capaz, una mujer fuerte que pudiera aportar mucho a sus negocios, pero usted nunca me vio así. Siempre me menospreció.
—Basta, Amália. No empeores las cosas más de